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La cara amable del correísmo: Lenín Moreno

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La cara amable del correísmo: Lenín Moreno

   César Febres-Cordero

Después de 10 años de desgaste de un gobierno que, más allá de sus grandes éxitos y fracasos, ha dejado a un país divido ideológicamente, la conciliación debe ser un esfuerzo primordial para cualquier gobierno. Pero no hay que temer, dicen algunos. Lenín Moreno, el virtual presidente-electo, ha sido el rostro amigable y abierto del correísmo desde que fue vicepresidente (entre 2007 y 2013). Pero ahora no le será tan fácil, porque está llamado a gobernar el país que hasta Febres-Cordero, famoso por su línea dura, llegó a llamar ingobernable.

A pesar de todo, Moreno viene determinado a poner su huella y su estilo aperturista desde hacia tiempo, y muchos en el pueblo lo ven así. Ya desde sus años de la vicepresidencia se lo anunciaba como el sucesor probable de Correa, el más accesible detrás de la fachada que llevan todos los políticos, el de la famosa y bien recibida Misión Manuela Espejo que atendió a decenas de miles de personas con capacidades especiales. Y al parecer no defrauda esas expectativas, al menos para quienes no se han declarado todavía enemigos jurados de todo lo que vengan bajo el estandarte de la Revolución Ciudadana, o quienes no se han decepcionado de él luego del escándalo reciente entorno a los gastos incurridos durante su trabajo en Ginebra para la ONU.

Aunque en estos primeros, turbulentos y confusos días post-electorales, Moreno parece haberse endurecido después de algunos comentarios fuertes hacia Guillermo Lasso y un breve ´´altercado´´ con periodista de Teleamazonas, también muestra actitudes propias de su vieja reputación. Su reunión en el hotel Wyndham con empresarios, muchos descontentos con la actual recesión del correísmo tardío, su vocal intención de traer de regreso a los sectores indígena y ecologista al oficialismo y su insistencia en el diálogo antes que la confrontación, refuerzan para muchos la imagen del Lenin amigable, abierto, diferente al presidente saliente.

Solo el tiempo dirá si Moreno es verdaderamente el rostro amigable de su Revolución, y la renovación que esta y el país desesperadamente necesitan.