Somos los asesinos del Ecuador

Somos los asesinos del Ecuador

César Febres-Cordero

A muchos nos duele admitir que nuestra democracia está enferma y que nuestra república no es más que una pantomima, pero esto es casi innegable. Lamentablemente, pareciera que la situación solo va empeorar. La cada vez más polarizada división ideológica, no solo de nuestros partidos, sino también de nuestras juventudes y círculos intelectuales, es la prueba más grave de la entrada a un estado convaleciente de nuestra democracia.

 Todos son ahora los paladines defensores de los derechos humanos y el resto son los “fascistas,” los “reaccionarios,” los “comunistas,” los “curuchupas,” o en fin, lo que sea que cada persona traumada se imagine debajo de su cama. Ya no argumentamos, sino que citamos los libros de nuestros autores preferidos cual sagrada escritura y condicionamos cada frase a ir en línea con nuestros eslóganes y discursos escogidos.

Hemos caído presa del imperio de la ideología, que vuelve a la fe blasfema, a la filosofía banal, a las artes decadentes y a las ciencias meros instrumentos de la política de moda. En nombre del progreso buscamos negar lo sagrado, mientras que por la tradición defendemos nuestros injustos privilegios. Solo leemos lo que nos complace y debatimos contra espejos, en verdaderas cámaras de eco que ahogan nuestras mentes y espíritus.

Y para rematar, hemos creado el ambiente perfecto para que las infames fake news plaguen a nuestro país, sobre todo después de las elecciones. Infamias como el supuesto (y falso) pasado de Lenín Moreno en AVC, una falsa salida del país del alcalde Nebot, acusaciones de haber pactado con el gobierno contra Dalo Bucaram y los comentarios obsesivos sobre la vida religiosa de Guillermo Lasso han venido de mano de maliciosos arengadores de las masas e incluso de gente muy cercana a nuestros líderes políticos, esparciéndose por culpa de ciudadanos inescrupulosos o poseídos por el odio del momento.

Temamos, ecuatorianos, porque ahora somos nosotros mismos los que estamos entregando y matando a la República del Ecuador.