COP21: El peligro nos une
Emilio Dávila. 17 años. Colegio Americano de Guayaquil.

La tierra se calienta, si bien geológicamente hablando se puede decir que es normal, a lo largo de la historia este planeta ha sufrido cambios de temperatura extremos, pero la situación que acontece ahora es distinta. Como nos han enseñado en clase de historia la revolución industrial empieza a mediados del siglo XIX y reemplaza la mano obrera por maquinaria pesada. Es desde allí que el calentamiento global producto del ser humano surge y hasta la actualidad la temperatura global ha tenido un incremento de 1 grado Celsius en comparación a la temperatura preindustrial. No parece mucho para los que no sabemos de sistemas ambientales, pero ya se han visto los graves efectos en el ártico, los países-isla del pacífico y en África. Si la temperatura incrementa a 2 grados Celsius los resultados serían catastróficos. Ante esta alarmante situación se celebra la vigesimoprimera conferencia de las partes en Francia o también conocida como la cumbre del clima que empezó el 30 de noviembre y terminará el 11 de diciembre. Entre las 195 naciones que fueron congregadas hubo dos problemáticas fundamentales:

1.       La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (Metano, hidrocarburos, dióxido de carbono).

Laurent Fabius, ministro de relaciones exteriores de Francia, comentó: “Necesitamos una comunidad mundial de energía limpia, eso generaría menos dependencia y conflictos entre naciones” Él llama a esto descarbonizar la economía. El uso de recursos vitales con altos contenidos de carbón genera rivalidad, ya que estos se distribuyen desigualmente por la geografía. La guerra del gas entre Ucrania y Rusia o las tensiones entre China y Japón por explotar los suelos marinos ricos en hidrocarburos son ejemplo de esto (es importante investigar al respecto). La postura de Fabius se resume básicamente en una frase: “El desajuste climático es también un desajuste en la seguridad”. Por lo tanto, se requiere del compromiso de las grandes potencias como China que produce el 24,32 % de emisiones de CO2 y Estados Unidos que produce el 14,94 %. El problema básicamente con la reducción de los gases es económico porque las inversiones ligadas a los combustibles fósiles estarían en riesgo, es por eso por lo que países de medio oriente como Arabia Saudita entran en desacuerdo. Por otro lado, los países en vías de desarrollo exigen el derecho de seguir utilizando petróleo y carbón hasta que logren erradicar la pobreza, justifican que así lo hicieron las grandes potencias para mejorar su economía.

2.       Contribuir al Fondo Verde, que intenta recaudar 100.000 millones de dólares, para contrarrestar el calentamiento global y ayudar a las economías en desarrollo a resistir el cambio climático.

Existe un debate sobre qué países son los que deben contribuir al Fondo Verde, ¿Deben ser los países que más han contaminado a lo largo de la historia o todos sin excepción?  Everton Lucero, ministro de relaciones exteriores de Brasil, comentó que se deben tomar en cuenta las necesidades de cada país de tal forma que las acciones se realicen “dentro de un contexto que reconozca las diferencias, porque vivimos en un mundo desigual y esa desigualdad tiene que estar reflejada en los resultados de la conferencia”. Para llegar a un acuerdo mundialmente los países en desarrollo exigen que los países desarrollados respeten la negociación. Esto se debe al hecho de que los países que menos contaminan son los que reciben sus peores consecuencias, por ejemplo, en Egipto el aumento del nivel del mar causaría grandes inundaciones en la desembocadura del río Nilo y se desencadenaría un desplazamiento masivo de la población que huiría de ellas. Las Islas Barbados, Fiji, Marshall, Kiribati o Timor Oriental en el Pacífico se verían afectadas por el cambio climático también. El desabastecimiento del agua y las sequías en Sahel, desde Níger hasta el golfo pérsico, darían lugar a la formación de grupos armados terroristas, como lo fue en parte con ISIS.

Gracias a los avances tecnológicos en la actualidad, lograr que las empresas tengan un enfoque ambientalista no resulta una carga pesada, sino un beneficio. Incluso empresas como General Motors, Apple o Facebook ya se han comprometido a usar recursos renovables y reducir la emisión de gases. La efectividad de la cumbre se supedita también a la respuesta por parte de las empresas privadas. Bien lo dijo la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres: “Ellos están haciendo esto por algo que yo creo que es un motor político mucho más poderoso, que es el beneficio de su propia economía. Y creo que esta es realmente la historia aquí”. Según un estudio realizado por Carbon Disclosure Project “las empresas que tienen en cuenta las implicaciones climáticas obtienen el 18 % más de rendimiento sobre sus inversiones que las que no lo hacen.” Un dato interesante es que de las 1952 empresas más cotizadas de carbono solo 102 se han comprometido a reducir sus emisiones de CO2, por lo que se espera que esa cifra aumente.

En conclusión, se está trabajando para que el acuerdo final dictado en esta cumbre no acabe como su antecesor el Protocolo de Kioto, el cual se puso en marcha en el año 1997 y pretendía reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 5 % por debajo de los niveles de 1990, entre 2008 y 2012. Este no funcionó porque las grandes potencias como USA, China o Canadá se iban a ver afectadas económicamente. La situación ahora es diferente, la predisposición de las grandes potencias a cerrar un acuerdo a partir de 2020 augura un buen desarrollo de la cumbre. No olvidemos a Ecuador, nuestro presidente también se encontraba en la conferencia y postuló la idea de formar una “Corte Internacional de Justicia Ambiental”, este postulado se basa en que un tribunal imparcial sancione los atentados contra la naturaleza y los países afectados sean recompensados. A pesar de la gran controversia que acontece con la explotación del Yasuní ITT, comentó que: “nada justifica que tengamos tribunales para proteger inversiones, para pagar deudas financieras, pero que no tengamos tribunales para proteger a la naturaleza y obligar a pagar las deudas ambientales”.

17 años. Colegio Americano de Guayaquil. Futuro Productor Musical y Filósofo.